
¿Quién era Madre Sagrario García?
Era una de las primeras religiosas. Entró en el Convento de Berja, fue formada por la M. Trinidad y era muy cercana a ella; vivió los momentos de la fundación con sus problemas y alegrías. Su testimonio es sobre lo que ha visto y vivido y se nota que tiene cuidado en no salirse de ello.
Escribió este testimonio por encargo de la Madre General en Granada en el año 1970.
¿QUIÉN ERA LA RVDMA. MADRE TRINIDAD? ¿QUÉ VIRTUDES SOBRESALÍAN EN ELLA?
Ante estas preguntas la boca enmudece y el corazón piensa… ¡quién era la Rvdma. Madre Trinidad! Eso sólo Dios nuestro Señor es el único que pudiera dar contestación a cuanto ella merece, más como la verdadera virtud aparece a los ojos humanos haciéndose ver aún de aquellos que menos la conocen, puedo decir que tuve la dicha de convivir con ella bastante tiempo y la primera impresión que me produjo al tratarla, fue la de encontrar en ella una Madre. Sí, una Madre con un corazón que sabía hacerse cargo de las debilidades de sus hijas, y más aún de aquellas que todavía no estábamos formadas para la vida religiosa. Su persona era majestuosa, sin ser de una seriedad que retrajese el hablarla, no, muy al contrario, pues al hacerlo se encontraba en ella un no sé qué, capaz de hacer desaparecer todas aquellas luchas y penillas que en los principios suele haber, siendo su pregunta: ¿qué la ocurre hija mía? Pero un ¡hija mía! Que se veía le salía del corazón. “¿Qué le ocurre a mi Sor…?” y ahí, el corazón de la doliente se desahogaba con su madre, y todo pasó con sus consejos y recomendaciones, tratando de inculcar siempre el amor a Jesús dulcísimo de su alma, y su Santísima Madre, como ella tanto repetía.
En mi profesión hubo un poco de impedimento para hacerla, por no disponer de momento de la dote que entonces se exigía, aumentado por la intransigencia que al Sr. Visitador de Religiosas le era peculiar, coincidiendo con la visita que en esta ocasión hizo al convento pues, aunque nuestra Rvdma. Madre le insistía que, en el futuro, sí la tendría, no se convencía, siendo implacable a las lágrimas que en su presencia derramé. Creyendo ya frustrado mi mayor ideal de ser toda y para siempre de mi Jesús, siendo sus palabras al marchar: Ya lo pensaré y daré contestación. ¡Qué días de amargura pasé! Deseaba la hora del correo y al mismo tiempo la temía, y mientras, mi queridísima Madre ¿qué hacía? Siempre que me veía me acariciaba diciéndome: “no la quiero ver triste, que eso no agrada a Jesús que quiere confiemos en él; pídale mucho y verá cómo lo arregla”.
Estas frases de cariño y esperanza aún me hacían llorar más, temiendo también su separación, pues lo confieso, la llegué a querer muchísimo. Por fin llegó la tan deseada contestación; me manda llamar a su despacho, siendo el recibimiento que me hizo darme un abrazo diciéndome, lea, entregándome la carta. Se puede suponer lo que por mí pasaría cuando leí: puede profesar, aunque la Comunidad aún no había hecho la votación reglamentaria, y ella sonriente y gozosa me dice: ya ve cómo obra Jesús cuando encuentra un alma que de veras quiere entregársele, pues le confieso que no se me ha dado nunca el caso de recibir autorización de profesar a ninguna religiosa, sin oír primero el parecer de la Comunidad.
¡Qué feliz me sentí! Mis lágrimas cesaron y mi alma se enardecía de amor y gratitud hacia mi Jesús bueno, que tanta misericordia había obrado con esta pecadorcilla que nunca sabrá quererle cómo merece. Poco me duró el estar en su compañía por entonces, pues ya había rumores de lo que ocurría en España, estallando el movimiento; mas ella, muy previsora, marchó anteriormente a Portugal a buscar casa y pedir permiso para una fundación, la cual le fue concedida con facilidad, llevando a las más ancianas y enfermas, haciéndole Dios nuestro Señor un verdadero milagro, cual fue que, al marchar y pasar unos días en Madrid, al día siguiente de reanudar el viaje, estalló lo que se esperaba, imaginándose qué hubiera sido de ellas pues desde ese momento no dejaron salir a nadie. ¡Cómo vela el Señor por los suyos!
Continuará…